Las Cabachuelas: los taínos no estaban solos

Por: Joshua García
Publicado: 28 de julio de 2026

Imagen de: Joshua García

Bajo las montañas de Morovis, se encuentran las Cabachuelas, un sistema de cuevas y una reserva natural que conserva rastros de nuestra historia.  Un pasado más antiguo que el Taino. Dentro de sus cuevas y predios se encuentra la historia de los arcaicos, aborigenes puertorriqueños que dieron origen y coexistieron con otras de nuestras culturas. Las Cabachuelas cuestionan la idea de que el pasado indígena de la isla comenzara y terminara con los taínos.


La historia de Morovis suele contarse desde la agricultura. Un joven pueblo dedicado al café, la siembra, una vida jíbara y la música del cuatro, ideas que rodean la identidad del municipio. Sin embargo, las cuevas de las Cabachuelas guardan una historia anterior a las fincas, al pueblo y a la llegada de los españoles.

En las profundidades de este pueblo quedaron restos de alimentos, herramientas, arte rupestre y otras evidencias de comunidades aborígenes que utilizaron la zona durante periodos distintos. Parte de esos rastros no corresponde necesariamente a la cultura taína que domina el imaginario puertorriqueño, sino a grupos conocidos como arcaicos. Ese dato altera una narración aprendida durante generaciones; primero existieron unos pueblos, luego desaparecieron y después llegaron otros. La historia antillana y puertorriqueña fue más compleja. Diferentes comunidades pudieron compartir periodos, desplazarse por regiones cercanas e intercambiar prácticas sin pertenecer a una sola cultura.

Una historia anterior al taíno

El historiador Sébastien Robiou Lamarche en su libro “Tainos y Caribes, las culturas aborígenes antillanas” describe a los arcaicos como los primeros pobladores de las Antillas y les atribuye  al menos, dos grandes oleadas migratorias que llegaron desde el continente americano en balsas o canoas. Sus nombres y clasificaciones han cambiado con el desarrollo de la arqueología, pero el concepto no se atribuye a una sola sociedad, si no a diversos grupos.

Robiou Lamarche señala que estas sociedades eran seminómadas y probablemente se organizaban por vínculos familiares. Ciertas piezas sugieren que también poseían creencias relacionadas con el ambiente, los astros y los ciclos de caza, pesca y recolección. En Puerto Rico, los arcaicos se remontan a miles de años antes de Cristo. Esa antigüedad los deja colocados en una etapa importante para la población del archipiélago, aunque su presencia no reciba tanta atención como la cultura taína

En Las Cabachuelas, esa historia se vuelve más cercana

Tras una entrevista a Aridni Martínez Medina, guía y miembro importante perteneciente al del Proyecto Cabachuelas, nos explicó que las evidencias estudiadas en esta reserva apuntan principalmente hacia poblaciones arcaicas. Lo cual provoca mayor intriga debido a que algunos objetos a primera vista podrían parecer taínos, pero los estudios realizados los han relacionado con culturas anteriores como la mencionada. Pero esta distinción no pretende restarle importancia al legado taíno, el cual fue el grupo aborigen principal con el que los españoles se encontraron tras su llegada a las Antillas. Si no que nos permite reconocer que los taínos no fueron los únicos habitantes aborígenes de Puerto Rico y que los pueblos anteriores no necesariamente desaparecieron de manera inmediata, si no que coexistieron. Martínez Medina explicó que este panorama ha dejado de entenderse como una evolución cultural perfectamente lineal. Por lo que algunos grupos pudieron ser contemporáneos, ocupar zonas distintas o relacionarse entre sí, aunque no compartieran exactamente la misma cultura, estilo de vida y tecnología.

Las cuevas como espacios de vida

Para las comunidades aborígenes vinculadas con las Cabachuelas, las cuevas no fueron simples refugios ocasionales. Ellas les brindaron funciones cotidianas, ceremoniales y familiares. En ellas podían comer, descansar, preparar alimentos y protegerse de los huracanes. También realizaban ceremonias y prácticas relacionadas con la muerte. Los restos encontrados sugieren que permanecieron como un grupo nómada, distribuido entre varias cuevas y recursos del territorio. Esa movilidad diferencia a los arcaicos de la imagen más sedentaria que tenemos de los poblados taínos, el cual se les asociaba aldeas conocidas como “yucayeques”.  Martínez Medina describió su alimentación como una combinación de pesca, caza y recolección. Los restos permiten hablar del consumo de peces, conchas, jutías, pequeños roedores, frutos y otros recursos disponibles en el entorno. También se han encontrado utensilios utilizados para procesar alimentos.

Por otro lado, este espacio de conservación aún posee arte rupestre, perteneciente a los arcaicos, arte que parece compartir con la cultura Taina, con símbolos similares. Pero el límite entre lo conocido y lo interpretado es importante. La reserva no ofrece una historia terminada, sino varios fragmentos que se van uniendo tras estudios y nuevos hallazgos.

 

Lo que la escuela dejó fuera

Gran parte de la historia de la isla que conoce un puertorriqueño rodea como inicio la llegada de los españoles y lo que se conoce del taíno, lo cual ha dejado un vacío histórico entendible pero enorme. Gran parte de las primeras descripciones sobre los pueblos indígenas del Caribe provino de cronistas españoles. Esas fuentes observaron las sociedades desde el punto de vista del colonizador y no siempre distinguieron sus diferencias culturales. Según Martínez Medina, los españoles tuvieron mayor acceso a ciertos grupos y pudieron generalizar bajo una misma identidad a grupos que eran diferentes. Además gran parte de lo que conocemos  acerca de los taínos proviene de la isla de La Española, lo que llamamos hoy: Haití y República Dominicana. Por eso, conocer a los arcaicos no sustituye el relato taíno que nos han contado. Lo amplía. 

Morovis antes de Morovis

Las Cabachuelas y los arcaicos amplían el significado histórico de Puerto Rico y de Morovis. El municipio no deja de ser una tierra agrícola, pero su relación con la historia comenzó mucho antes del café, el español, el jíbaro, las fincas y el cuatro puertorriqueño. El interior del municipio revela que otras comunidades recorrieron el territorio, encontraron alimentos, enfrentaron fenómenos naturales, desarrollaron creencias y dejaron representaciones sobre la piedra, incluso antes y contemporáneo con el taino. Su historia no está separada del ambiente. Existe precisamente porque la montaña, las cuevas y sus ecosistemas conservaron los rastros de nuestros antepasados. Martínez Medina describió la reserva como una ampliación del legado histórico de un municipio asociado principalmente con la agricultura. Las Cabachuelas permiten reconocer que Morovis “fue algo más” y que la historia de Puerto Rico comenzó antes de la formación del pueblo actual con un grupo de aborígenes que no eran los Taínos.